Las pruebas de laboratorio indican que los portadores de una variación del gen 5-HTT serían más propensos a desarrollar problemas relacionados con la ansiedad y las crisis de terror. Neurosis también tendría nexo con información genética.
Una de las más recientes línea de investigación en el campo de la siquiatría y las neurociencias es la búsqueda de las moléculas fundamentales que cargan con la información genética del ser humano -los genes- que puedan estar ligadas con trastornos sicológicos. De sus trabajos se ha logrado descubrir, por ejemplo, que conductas como el fumar, la irritabilidad o el gusto por los deportes de alto riesgo, que se pensaba consitutían los patrones diferenciadores de la personalidad de cada persona, pueden tener sus explicaciones en el microscópico ADN.
Es por ello que, haciendo eco de las inquietudes de los grandes campos de la medicina actual, se ha planteado que uno de los grandes desafíos de la humanidad para este milenio es conocer la organización y funcionamiento del complejo mapa genético del ser humano. Las delicadas variaciones de este intrincado puzzle determinan las tendencias biológicas de cada individuo, desde los rasgos físicos hasta los desórdenes sicológicos.
Un nuevo paso en este rompecabezas molecular fue dado recientemente por un equipo de investigadores de la Universidad de Ohio, quienes descubrieron que la variación del gen 5-HTT, llamada por los expertos como ‘largá, determinaría una respuesta mucho más intensa ante el miedo y, por ende, estaría vinculado a la ansiedad clínica y las crisis de pánico.
PRUEBA DE LABORATORIO
Los investigadores realizaron una prueba en un grupo de 72 adultos jóvenes, con una edad promedio de 27 años. «Para este estudio nos interesaba contar con un grupo potencialmente en riesgo, es decir, sin ninguna enfermedad mental. Sólo así se puede medir la posibilidad de que el gen sea el factor principal que contribuye al tipo de respuesta a la prueba», comenta a La Tercera Brad Schmidt, director del proyecto.
Antes de realizar la prueba, se midió la ansiedad sensitiva de los participantes, vale decir, la percepción que éstos tenían respecto de distintos síntomas físicos. Por ejemplo, algunos asociaron la respiración entrecortada con ahogo y las palpitaciones con una ataque al corazón,mientras que otros sólo los consideraron situaciones desagradables, pero no amenazantes. Este antecedente ayudó a relacionar el factor genético con la predisposición sicológica previa.
En el examen se explicó a los participantes que debían inhalar profundamente a través de una mascarilla. A través de ella se distribuía aire presurizado. Después de diez minutos repetían la prueba pero esta vez, en vez de aire, se les administraba una mezcla de oxígeno (65%) con dióxido de carbono (35%).
La mezcla ligeramente sofocante es capaz de gatillar una repentina sensación de ahogo, la que permitió a los investigadores medir las reacciones ansiosas, físicas y sicológicas de los individuos. Con ello,pudieron asociarlas a dos variaciones del gen 5-HTT.
NEUROTRANSMISORES
«Ya en un artículo publicado en Science hace algunos años atrás se señalaba el hallazgo de la relación entre el gen 5-HTT y los neurotransmisores ligados a la neurosis, y como me interesa estudiar la ansiedad -que se presenta como uno de los rasgos de los sujetos neuróticos- tenía sentido investigarlo», comenta Schmidt, al referirse a los orígenes de la investigación.
Este gen está asociado a la regulación del transporte de la serotonina,neurotransmisor encargado de equilibrar los niveles de ansiedad en el cerebro. Quienes tienen la variación del gen denominada como ‘largá aumentan el proceso conocido como regulación. Esto quiere decir que sus neuronas toman la serotonina más rápidamente, dejando menos de esta sustancia disponible en el organismo y, por ende, generando más ansiedad.
«Este no sería el primer marcador genético vinculado a la serotonina, ya se han encontrado varios genes asociados a neurotransmisores como la dopamina o la noradrenalina. Es interesante que hayan establecido esta la relación con la ansiedad clínica y la crisis de pánico», comenta el genetista Carlos Valenzuela, de la Universidad de Chile.
PROYECTOS FUTUROS
Pese a sus prometedores resultados, los investigadores están conscientes de que este acercamiento es sólo uno de los primeros pasos de una extensa investigación. «Mientras más genes candidatos a presentar relaciones con los desórdenes sicológicos sean descubiertos, especialmente aquellos vinculados a la regulación de neurotrasmisores que se cree deberían estar asociados a la ansiedad, nosotros nos abocaremos a estudiarlos en detalle», agrega Schmidt.
Sobre este mismo tema, el doctor Valenzuela agrega: «Es necesario señalar que el estudio es muy pequeño para ser interpretable para toda la humanidad. El día de mañana esto puede ser corroborado por otros estudios o puede que sólo sea efectivo en esa población y que esto se niegue. El problema más serio es encontrar las formas de interacción entre los distintos genes. Eso es como buscar una aguja de paja en un pajar».
Por el momento, el grupo de la Universidad de Ohio ha programado una investigación de mayores dimensiones para estudiar al gen 5-HTT. La investigación contemplará el seguimiento de un grupo considerable de personas para determinar su riesgo de desarrollar ansiedad.
Sintomas Crisis de pánico
Los expertos en sicología, siquiatría y neurociencias buscan dilucidar los factores genéticos involucrados en la aparición de desórdenes como las crisis de pánico y la ansiedad clínica, con el objetivo de crear tratamientos personalizados diseñados en directa relación con los factores que gatillen la condición. Entre éstos, también se suelen considerar los elementos ambientales, como situaciones de estrés o personalidades extremadamente nerviosas que se hayan manifestado desde muy temprano.
En la actualidad, los expertos ya han descubierto sus patrones y los mejores tratamientos para tratar de manejar a tiempo estas enfermedades.
La ansiedad clínica y los trastornos de pánico han sido cuidadosamente descritos por la medicina, lo que nos ayuda a descubrir sus síntomas y controlarlos a tiempo. Si usted considera que está viviendo alguna de las situaciones descritas a continuación, sería recomendable que visitara a un especialista, antes de que el miedo o las preocupaciones trastornen su vida.
Ansiedad: preocupación extrema
Se calcula que esta enfermedad afecta entre un tres a un cinco por ciento de la población, siendo las mujeres las más afectadas ya que tienen dos veces más probabilidades que los hombres de sufrirla. La descripción de la ansiedad generalizada señala que este trastorno consiste en una excesiva ansiedad y preocupación extrema asociadas a situaciones cotidianas, reacciones que se mantienen a lo largo de un período de seis meses o más.
Los momentos de ansiedad suelen desencadenarse por escenas de la vida diaria: desde un desperfecto doméstico o un desarreglo de horarios, hasta un accidente o enfermedad grave. Su diagnóstico es declarado cuando la persona manifiesta tres o más de los siguientes síntomas, en forma fluctuante y crónica: cansancio permanente, fatigabilidad inusual (se siente agotado después de realizar actividades normales), dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño.
Su tratamiento suele consistir en benzodiacepinas, buspirona, sicoterapia y relajación.
Anexo
Pánico: terrores ocultos
Las crisis de pánico, una enfermedad casi desconocida hasta hace algunos años, se manifiestan mediante ataques repentinos que pueden durar cerca de diez minutos, los que se repiten a lo largo de un período mayor a los seis meses. Estos episodios son en extremo desagradables pero no conllevan peligros físicos.
La enfermedad es diagnosticada por un especialista cuando alguien sufre de crisis que contemplen al menos cuatro de los siguientes síntomas: sensación de sofoco, molestias toráxicas, hormigueo, miedo de morir,miedo de volverse loco, náuseas, nudo en la garganta, palpitaciones,escalofríos, sensación de irrealidad, sudoración, temblores y vértigo.
Un tercio de la población sufre alguna vez de una crisis de pánico, pero sólo el uno por ciento padece del trastorno clínico. Este suele comenzar al final de la adolescencia o al principio de la edad adulta y afecta tres veces más a las mujeres que a los hombres. El tratamiento usual consiste en benzodiacepinas y antidepresivos, además de una permanente terapia sicológica.
D. Rusowsky